viernes, 18 de agosto de 2017

Atentados en Barcelona y Cambrils



Esta locura es un sin parar. Que fácil es matar.

No sé que hay dentro de la cabeza de estos asesinos, que salen de su país buscando un futuro mejor y aparentemente se integran en los países que los acogen. Da igual que sea aquí en España, que en París, Niza, Estocolmo, Berlín o Londres, por no hablar de los que diariamente ocurren en Oriente Medio o en otras partes del mundo. Se envalentonan atacando a sus semejantes indefensos, sin plantearse si puede haber entre ellos algún amigo, familiares o correligionarios.

Sin defender sus acciones viles y cobardes, creo que la causa es el producto del resentimiento y de la envidia, y muy probablemente de la marginación que estos personajes encuentran en su entorno. De ahí a la radicalización, del modelo que sea, hay muy poco. Da igual que su vileza se ampare bajo el manto integrista religioso o político, como el de estos descerebrados o el del neonazi de que mató hace pocos días a una mujer en Estados Unidos, por no hablar de los del tiro fácil, masacrando a los alumnos de una escuela o a los transeúntes de una calle. El analfabetismo y la pobreza hacen el resto.

No estaría de más, que todos los gobiernos del mundo miraran algo más por los desheredados, y en especial los que explotan las riquezas de los países pobres, pues está claro que esta nueva modalidad de protesta se afianzará cada vez más. Las egoístas acciones del pasado y del presente son la justificación y el caldo de cultivo de estos asesinos. Al fin y al cabo ante su desesperación, la justificación es que nada tienen que perder. Aparentemente, pues también tienen familia y amigos, cuya gran mayoría no entienden ni aprueban sus desmanes.

Ante el miedo y el terror, unidad. Y solidaridad y cariño hacia las víctimas y sus familiares.


Y por favor no mezclemos estas viles acciones con el odio y el racismo.

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